siempre me sorprendes
La llegada a casa tras el instituto no era nada emocionante. tras coger el autobus y observar la cantidad de personas distintas que habitan este mundo y en concreto en Barcelona, llegaba a una casa vacía donde hasta las almas en pena parecían huir del lugar. su casa no tenía mucho de particular: dos plantas y un garaje, tres habitaciones, dos cuartos de baño, un salón, la cocina, un comedor, un estudio, un pequeño jardín y una portezuela que daba a una piscina comunitaria.
Se sentó frente al sofá y encendió la tele, no había nada que le llamara la atención. Pero en ese momento sonó su telefono movil, lo cogió algo desganada sin mirar si quiera el nombre que aparecía en pantalla. Por eso la sangre se le heló y por un momento parecía que el corazón se le había paralizado al escuchar su voz. sin embargo para él, no había nada extraño.
- Hola Mar.- saludó alegremente.
- Alfonso...
- Mar...
- hola...- ella no entendía porque la llamaba si apenas se hablaban.
- te he visto hoy por clase.
- nos vemos todos los días.
- Sí, el caso es que necesito tu ayuda.
- ¿Mi ayuda?
- Sï verás tengo algunos problemas en castellano por culpa de la literatura. y a ti eso de las artes se te da bien. preguntaba si podías echarme una mano.
- claro.
- ¿Qué te parece mañana?
- bien
- ¿A la cinco? es que a las siete voy a la autoescula.
- Me parece bien
- hasta mañana entonces.
- hasta mañana.
entonces sólo oyó el rumor del telefono avisando de que la llamada había llegado a su fin. se quedó un rato quieta pensando. Alfonso y ella se conocían desde pequeños, siempre habían sido amigos. de hecho no podía recordar una anecdota de su infancia sin él. cuando llegaron a la adolescencia continuaron siendo buenos amigos, pero hacía apenas dos años todo había cambiado. el grupo de amigos que compartían se había desmenbrado y cada uno había tomado su camino. incluidos ellos dos. no entendia como había cambiado todo tanto. sus madres continuaban siendo buenas amigas y llendo de aquí para allá juntas. pero ellos a penas se saludaban por el instituto y se veían de lejos por los locales nocturnos. eso Mar nunca lo había superado, siempre le echaba de menos y se preguntaba que había hecho mal para perder a su mejor amigo.
para él todo aquello parecía harina de otro costal, en las pocas ocasiones que hablaban o que más bien él se dignaba a dirigirle la palabra la trataba como si el tiempo no hubiera pasado y aun fuesen dos chiquillos. siempre le sorprendia esa capacidad suya. era cierto que a ella le encantaba sentirse tan cómoda a su lado, pero por otra parte estaba enfadada por que Alfonso no la echaba de menos.
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